Nutrición clínica

El tipo de alimentación que llevamos influye al 200% en la salud que tenemos. Comemos varias veces al día durante 365 al año. Cada bocado que metemos en la boca influye, y mucho, en todos y cada uno de los procesos metabólicos que se dan en nuestro cuerpo.

 

La nutrición clínica es la rama de la nutrición que estudia cómo nuestra forma de comer puede mejorar el transcurso de ciertas enfermedades o incluso prevenir que aparezcan.  Se basa en la dietoterapia como tratamiento de enfermedades o alteraciones de nuestra salud.

 

¿Cómo puede ayudar la alimentación en la mejora de nuestra salud? ¿Qué tipo de enfermedades pueden mejorar con un cambio de dieta?

Trastornos y alteraciones digestivas

Estreñimiento, diarrea, malestar digestivo, digestiones lentas o difíciles, acidez, dolor abdominal, Síndrome de Intestino Irritable, intolerancias alimentarias (fructosa, lactosa, sorbitol…), gases, hinchazón e inflamación abdominal, sensibilidad al gluten no celíaca, etc.

Infecciones como SIBO (sobrecrecimiento bacteriano), Candidiasis y otros hongos y levaduras, parásitos, H.Pylori u otras. Alteraciones de la flora intestinal (disbiosis o desequilibrio de la microbiota).

Enfermedades autoinmunes

En las enfermedades autoinmunes buscamos que los síntomas mejoren o remitan a través de los cambios en la dieta y del estilo de vida. En ningún caso se pueden “curar” dado que en la mayoría de ocasiones son irreversibles. No obstante, sí es posible reducir la intensidad/frecuencia de los síntomas y alteraciones que causan (regulando la cantidad de anticuerpos que nuestro organismo fabrica).

Tiroiditis de Hashimoto, psoriasis, artritis reumatoide, lupus, diabetes tipo 1, Enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, etc.

Mejora marcadores de salud (analítica de sangre)

La dieta tiene un efecto directo sobre nuestros niveles de colesterol, triglicéridos, azúcar (glucosa) o tensión arterial, así como sobre el funcionamiento de nuestros órganos (hígado, riñones, corazón…) y de nuestro sistema inmunitario (defensas).

Además, una alimentación saludable y equilibrada evitará la aparición de carencias nutricionales que dan lugar a situaciones de riesgo: déficit de vitamina D, anemia por falta de hierro o vitaminas B9 o B12, déficit de calcio, etc.

Trastornos y alteraciones del ciclo menstrual

La dieta afecta de forma importante sobre los cambios hormonales de la mujer, por lo que influye de manera directa sobre la salud de su ciclo menstrual.

Realizar cambios en la alimentación puede ayudar a mejorar las alteraciones propias del síndrome premenstrual o los dolores asociados a la menstruación. Además, existen estrategias dietéticas que ayudan a regular el desequilibrio hormonal que se puede dar en la endometriosis o el Síndrome de Ovario Poliquístico.

En la etapa de pre y menopausia también es clave que la mujer adquiera los nutrientes necesarios y evitar riesgos asociados a este período vital.

Alergias alimentarias

Las alergias alimentarias requieren un control importante de los alimentos, para minimizar riesgos y prevenir reacciones que ponen en peligro la vida de la persona afectada. Es también importante, saber llevar una alimentación equilibrada en función del grado de restricción para no padecer carencias nutricionales innecesarias.

Es el caso de la alergia a LTP, gluten, proteína de leche de vaca (PLV), soja, pescado, marisco, crustáceos, sulfitos, huevo, cacahuetes, frutos secos, alergias múltiples o cruzadas, etc.

Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica

La fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica (SFC) son dos enfermedades con cada vez mayor prevalencia en nuestra sociedad. Aunque tienen sus diferencias, ambas se caracterizan por ser incapacitantes y por reducir de forma importante la calidad de vida de la persona que la padece.

No son enfermedades autoinmunes pero sí que cursan con procesos inflamatorios en los que nuestro sistema inmunitario y nuestro metabolismo se ven claramente afectados. La alimentación puede ayudar a modular la intensidad de los síntomas (fatiga, astenia, dolores generalizados, apatía, problemas digestivos, alteraciones en la piel o el cabello, malestar general..) generando una mayor calidad de vida.

Alimentación y cáncer

El cáncer está cada vez más extendido entre nuestra sociedad y puede afectar a múltiples órganos y tejidos, así como a personas de cualquier edad y sexo. Los tratamientos son diversos en función del caso, aunque en muchos de ellos es necesario pasar por procesos de quimioterapia, radioterapia y/o cirugía.

Es muy común que durante estos procesos de tratamiento, en los que suelen administrarse también fármacos, aparezcan consecuencias que ponen en riesgo el estado nutricional y la salud de la persona que lo sufre. Es habitual que se pierda peso o que aparezcan efectos secundarios derivados de los tratamientos que afecten al apetito o a la percepción de los sabores y olores de la comida. Además, es común que puedan aparecer otras alteraciones que afecten a nuestra forma de comer, como náuseas, digestiones difíciles, diarreas, vómitos, etc.

La alimentación tiene un papel fundamental en el cáncer. Tanto en su prevención, como en la mejora y prevención de síntomas durante un proceso oncológico. Gracias a una buena alimentación, podremos tener un sistema inmunitario capaz y fuerte, así como un buen estado nutricional. Ambos son piezas clave para combatir un cáncer.

Migraña, déficit de DAO e histamina

La migraña puede deberse a múltiples causas. Una de ellas puede estar relacionada en cómo nuestro cuerpo gestiona la histamina (tanto la que consumimos a través de ciertos alimentos, como la que produce propiamente).

En el déficit de DAO (enzima diaminooxidasa) es fundamental conocer qué alimentos debemos evitar para disminuir la frecuencia y/o intensidad de las migrañas y síntomas asociados a esta alteración (muy parecidos a los que se dan en una alergia).

Obesidad y Síndrome Metabólico

La obesidad se define como el exceso de grasa corporal en nuestro organismo. Puede ser considerada como un estado patológico o enfermedad, ya que como consecuencia a este sobreexceso de tejido graso, todo el funcionamiento de nuestro cuerpo se altera en gran medida.

En la obesidad es común que aparezcan alteraciones asociadas a este estado, como la hipertensión arterial, la alteración de las grasas en sangre (colesterol, triglicéridos), el hígado graso, etc.

Tener un tejido graso por encima de lo saludable, provoca que otros sistemas y tejidos dejen de funcionar de forma correcta, por lo que tendremos mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hormonales, inmunitarias o metabólicas.

Comer de forma saludable es clave, por supuesto. Pero también lo es el entender que en esta situación debe tenerse en cuenta la meta a largo plazo y basar el tratamiento en el cambio de hábitos (alimentación, ejercicio físico, apoyo psicológico…). Ni las dietas milagro, ni los fármacos, generarán cambios permanentes en el tiempo, y tarde o temprano se podrá volver a la situación inicial.

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