Alimentación saludable

Comer es más que meterse un bocado en la boca. Aprender a comer de forma saludable implica cambiar muchas cosas en nuestro día a día, y por ello es clave saber que es un proceso que conlleva aprendizaje de cosas nuevas y re-aprendizaje de otras que asumíamos como correctas (y no lo eran).

El papel de un nutricionista va más allá de entregar una dieta para adelgazar. Somos educadores nutricionales. Existen tantos factores que van a afectar en tu forma de comer, que resulta obvio que deban incluirse como parte del plan para conseguir el objetivo que buscas.

 

¿Qué puntos o temas son los que se tienen en cuenta en las sesiones de mi consulta?

Aprender a comer bien

El aprendizaje es clave para que el plan funcione. Si no hay aprendizaje es bastante difícil que los cambios se integren y perduren a largo plazo. Comprender el porqué hacemos las cosas es importante para poder asimilar todos esos cambios de hábitos y conseguir «cambiar el chip».

No creo en las dietas. Las dietas engordan. Tampoco son necesarios los complementos nutricionales «milagrosos» o «quemagrasas». Ninguno funciona y lo único que queman es tu cartera. Cualquier estrategia que no incluya el aprendizaje ni el cambio de hábitos, será una estrategia fallida.

La educación nutricional es la mejor herramienta para que tu plan funcione y los objetivos que buscas se cumplan. Como digo muchas veces en consulta, nadie nace aprendido, y es positivo tener perseverancia, calma y paciencia para que paso a paso esas nuevas enseñanzas vayan transformándote para alcanzar tu meta.

Cambiar tus hábitos es clave

Un hábito es todo aquella conducta rutinaria que repetimos con regularidad y que hacemos de forma inconsciente. Casi sin darnos cuenta, vamos adquiriendo costumbres y rituales que van marcando nuestra rutina del día a día.

Cambiar un hábito no es nada fácil, pero es perfectamente alcanzable. Es cierto que requiere fuerza de voluntad y energía, y es fundamental establecer bien el plan de acción al principio para poder conseguir los cambios de forma progresiva y sin prisas.

No es positivo querer incorporar muchos cambios de golpe, o comenzar con varias cosas grandes a cambiar a la vez. Lo mejor es ir introduciendo pequeños cambios, incluso desgranarlos aún más para hacerlos más asequibles.

La motivación, perseverancia y energía serán claves para que todo ello siga en marcha y pasito a pasito vayamos escalando la montaña hasta llegar a la cima deseada.

Compra saludable

Saber comprar de forma saludable e inteligente es fundamental para nuestra salud. Hay que comer comida, no cosas comestibles (productos procesados). Hoy en día recibimos multitud de estímulos insanos. Vivimos en un entorno obesogénico, en el que hasta yo misma reconozco que resulta difícil hacer bien las cosas con tal bombardeo de mensajes.

La industria alimentaria tiene gran responsabilidad en ello. No digo que sean «los malos» pero sí influyen de forma notable en nuestras elecciones. Mensajes ocultos, etiquetaje que no queda del todo claro, frases marketinianas que confunden al consumidor, etc. Todo legal, por supuesto, pero ello no implica que el producto sea saludable.

Aprender a comprar de forma saludable consiste en saber qué criterios debemos tener en cuenta para escoger lo que vamos a llevarnos a la boca, buscando un término medio entre economía/posibilidades y salud. Aprenderás a saber leer e interpretar el etiquetaje alimentario, comprar en los lugares adecuados, comprar de calidad, de temporada y de proximidad, encontrar alternativas sanas a procesados, identificar el azúcar oculto, etc.

Planificación y organización de menús saludables

Para comer bien, hay que cocinar. Así es, y aunque sea poco o lo justo y necesario, hay que poner ganas en la cocina.

Saber planear y organizarse bien también es una pieza clave para el éxito. Y más en nuestros tiempos, en los que la mayoría de nosotros vivimos con un ritmo de vida estresado en el que parece que «no tenemos tiempo para cocinar».

Pero sabes que el tiempo es relativo, y que si no encuentras tiempo para realizar algo que te gustaría, es porque sueles dar prioridad a otras cosas.

Aprenderás a planificar menús semanales saludables con recetas chulas y sabrosas. Sabrás cómo repartir los alimentos a lo largo de tu semana y mejorarás en la planificación de la cocina. Podrás organizarte de la forma que más te encaje, por ejemplo cocinando un día para toda la semana (batch cooking) o a diario.

Tanto si comes fuera, como si sueles comer de tupper o en casa, una buena organización te ayudará a seguir cumpliendo los cambios y dar pasos hacia tu meta.

Ejercicio físico y vida activa

No hay ningún plan de mejora de hábitos que no incluya la práctica de ejercicio físico habitual.

Sin deporte o actividad física, nunca será posible conseguir el mejor resultado. Es más, estamos hechos para el movimiento. Somos una especie que NECESITA moverse para mantenerse sano. El sedentarismo enferma a todos y por eso es más que fundamental que forma parte de tu objetivo.

Establecer una rutina de ejercicio o un plan de entrenamiento es importante, y suelo insistir en consulta en que si esto no existe, no habrá éxito… Y eso no significa que debamos convertirnos en atletas de élite, dado que por supuesto se debe comenzar poco a poco e ir adaptando ese ejercicio físico en función de nuestro tiempo, posibilidades, gustos, habilidades, etc.

Relación con la comida

La relación que tenemos con la comida se ve influenciada por muchos factores. Por ejemplo, según nos hayan criado o lo que nos hayan inculcado, las costumbres familiares que hemos aprendido desde pequeños, nuestro entorno social, nuestro carácter y sobre todo, la gestión que hacemos de nuestras propias emociones.

Comer es un placer. Y debe seguir siéndolo siempre, sea cual sea el objetivo. No siempre resulta sencillo saber gestionar de forma correcta algunas situaciones que pueden llevarnos a padecer mayor estrés o ansiedad. Nuestras emociones tienen un impacto muy fuerte sobre nuestra conducta, y por supuesto sobre nuestra forma de alimentarnos.

Saber reconocer cuál es la relación que uno tiene con la comida es lo emocionalmente sano. Es positivo darse cuenta, por ejemplo, si comemos promovidos por una sensación de hambre de verdad o bien lo hacemos para cubrir una emoción que no logramos gestionar de otra manera.

El estrés, la ansiedad y otras situaciones emocionales complejas (tristeza, soledad, nerviosismo, frustración, angustia, enfado…) pueden generar que adquiramos el hábito de usar la alimentación como «tirita» para silenciar ese estado que nos resulta desagradable. Cubrir una emoción mediante la comida es algo mucho más extendido de lo que uno puede imaginar y puede llegar a convertirse en un trastorno de la conducta alimentaria (atracones, conductas de purga/ayuno, atracones nocturnos, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa…).

En ciertos casos en los que esta acción se convierte en un hábito incontrolado y genera consecuencias negativas (arrepentimiento, culpa, mayor estrés, baja autoestima…) es muy positivo plantear si es necesaria la ayuda de un profesional (psicólogo) que nos enseñe cómo gestionar nuestras emociones. Es algo importante a tener muy en cuenta antes de iniciar cualquier proceso de cambio de alimentación.

Motivación y objetivos

Sentirse motivado para lleva a cabo algo que deseamos es fundamental para que nuestro motor y nuestras ganas sigan aportándonos energía y positivismo.

En las sesiones se trabaja con herramientas de coaching nutricional, que promueven una relación de igual a igual entre profesional y cliente, favoreciendo el trabajo en equipo y el apoyo al proceso.

Por otro lado, es positivo anticiparse y tener en cuenta que la motivación y las ganas de hacer algo pueden variar a lo largo del proceso. Pensar que podemos estar siempre al 200% no es realista. Habrá días en los que nos costará más y otros en los que nos costará menos. Comprender que el proceso es como un camino en el que habrá piedras, ramas, senderos, riachuelos y zonas llanas, es fundamental para mantener un nivel de exigencia adecuado, un grado de auto-tolerancia positivo y una perspectiva de futuro respetuosa con uno mismo.

Mitos y falsas creencias sobre alimentación

A pesar de que la ciencia avanza y que el conocimiento está cada vez más extendido en todos los niveles de nuestra sociedad, todavía siguen existiendo muchísimos mitos y creencias alimentarios sin fundamento ni base científica.

Muchas son las personas que siguen realizando ciertas conductas o acciones, creyendo falsas premisas que aprendieron o escucharon hace tiempo, y que se convirtieron en «verdades» para ellas.

Que si la fruta de noche engorda, la lechuga retiene líquidos, el agua templada con limón y en ayunas quema grasas, el plátano engorda, el huevo es malo para el colesterol, el pan es lo que engorda, etc.

Todo es cuestión de educación. Reaprender es clave para darse cuenta de que algunas creencias que habíamos considerado ciertas durante toda la vida, en realidad no son más que eso, falsas creencias. Una vez despejas esos tabús, se genera mayor sensación de libertad y seguridad, siempre bajo las bases del trabajo en equipo y el asesoramiento basado en el apoyo individual.

Comer fuera y vida social saludable

La comida social es algo muy propio del ser humano, es inherente a nosotros y hemos estado vinculando nuestra vida social y familiar con la comida desde nuestros inicios como especie.

Comer con amigos, familiares, compañeros o con tu pareja es algo que no debería dejar de existir nunca. Aunque tu propósito sea el de bajar peso, privarse de tener esa vida social no debería ser la solución. La clave está en aprender a hacer mejor las cosas, dentro de las posibilidades que se nos presenten.

La educación nutricional en consulta tiene ese objetivo, entre otros. Enseñar a comer de forma saludable y promover que cada persona sea capaz de tomar sus propias decisiones saludables, es fundamental. Sí es posible comer fuera de casa y hacerlo de forma sana, disfrutando de la compañía y apreciando ese momento social que tanto nos aporta.

La clave, repito, es saber hacerlo bien. Sin remordimientos, ni culpa.

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