Yogur casero sin yogurtera

Tras el viaje a Mikonos (que me ha dejado enamorada por cierto) os traigo esta rica y saludable receta de salsa típica griega para dipear y para ensaladas! A disfrutar!

Vamos a necesitar:

  • 1 L de leche (entera, semidesnatada o desnatada)
  • 1/2 yogur natural no azucarado comercial (o yogur casero preparado anteriormente)
  • Tiempo de preparación: 30 minutos + 4-5 horas de fermentación
  • Utensilios: 1 cazo, 1 vaso, una batidora, una nevera isotérmica y recipientes herméticos con tapa.

Instrucciones:

  • Calentaremos unos el litro de leche en un cazo sin dejar que llegue a hervir. Retiraremos la leche del fuego y dejaremos enfriar hasta unos 45ºC más o menos (si no se tiene un termómetro, se puede comprobar metiendo el dedo en la leche. Si se puede mantener unos 5 segundos sin quemarse, es que ha llegado a la temperatura que deseamos).
¿Por qué calentamos la leche antes? Porque al sacarla de su envase y manipularla, debemos volverla a pasteurizar para asegurarnos de que no hay ningún microorganismo perjudicial (tanto para nuestra salud como para nuestro proceso de fermentación que formará nuestro yogur).
  • A continuación, quitaremos la capa de nata o crema que se forma en la superficie (es grasa láctea que se separa de la leche por efecto del calor y flota en la superficie).
  • Tomaremos 1 vaso de esta leche y la separaremos en un bol. Seguidamente, añadiremos la mitad del yogur natural que hayamos escogido y batiremos con batidor a velocidad media durante unos segundos para mezclar bien (nunca con una temperatura superior a los 45ºC porque sino mataremos las bacterias).
El yogur contiene bacterias vivas (fermentos lácticos) en su interior, ya que su proceso de elaboración implica la fermentación de los azúcares de la leche (lactosa) para convertirlos en ácido láctico. Por esa razón, nos aportan un papel beneficioso para nuestra salud intestinal.
  • Mezclar el bol con el resto de la leche y remover bien. Verter la mezcla de leche caliente + fermentos en un recipiente lo más hermético posible, que esté bien limpio y seco y comprobar que cierre perfectamente.
  • Proceso de fermentación: deberemos dejar el yogur resguardado en algún sitio donde le sea fácil conservar una temperatura de 40-43ºC. Lo ideal es utilizar una bolsa térmica, una neverita isotérmica o incluso meterlo en el horno a temperatura mínima. Hay quien guarda recipientes llenos de agua caliente dentro para conservar mejor el calor.
  • Normalmente transcurridas las 4-5 horas la fermentación es suficiente y ya podemos consumir nuestro yogur casero. Una vez pasado este tiempo, se debe guardar el yogur en la nevera porque de esta forma frenamos la fermentación y evitamos que el yogur acidifique en exceso.

¿Cómo saber si está listo?

Sabremos cuando está listo en el momento el que alcance la textura típica habitual de un yogur. Esto sucede, porque cuando las bacterias añadidas empiezan a multiplicarse y a fermentar la lactosa, el ácido láctico resultante va disminuyendo poquito a poco el pH de la leche. Al suceder esto, las proteínas empiezan a coagular y a distribuirse en forma de gel creando una estructura gelificada que va englobando el resto de los componentes (agua, vitaminas, minerales, fracción grasa, et.).
¿Sabías que…? El líquido de coloración verdosa que se deposita en la superficie del yogur, no es más que agua con algunas proteínas y minerales que se han “soltado” de este gel.

¿Cómo conservarlo?

Se conserva igual que un yogur normal, guardarlo siempre en nevera y consumirlo como máximo en 1 semana.
Dentro de la semana de vida útil de nuestro yogur, podemos utilizarlo como fermento para volver a elaborar más.
¡Ante todo: higiene!
Es importante que los recipientes que usemos estén bien limpios y secos. Las manos deberán estar bien limpias (sobre todo si metemos el dedo para comprobar temperatura) y las superficies correctamente desinfectadas.

Algunas ideas:

  • Podemos partir de la leche que más nos guste. Las leches desnatadas nos darán un yogur con menos grasa  y menos cremoso,  y las leches enteras nos darán un yogur más cremoso, más espeso y más rico en sabor. La leche fresca además nos aportará sabores y aromas más intensos, ya que es una leche que al no haber padecido esterilización, los conserva mejor.
  • Podemos partir del yogur que más nos guste. No todos los yogures naturales comerciales tienen el mismo sabor, ya que éste depende de las materias primas utilizadas (tipo y origen de la leche, tipo de bacterias lácticas…) y del proceso de producción. Así pues, si usamos un yogur determinado como fermento porque nos guste su sabor, probablemente nuestro yogur casero tendrá un sabor y aroma muy similares.
  • Para los más atrevidos, os recomiendo experimentar y probar con otras leches como la leche de cabra o de oveja (yogur muy intenso, se sabor y aroma fuertes) o incluso mezclar parte de vaca y parte de cabra para darle un toque más original a nuestro yogur.
  • Adición de otros ingredientes: Si queremos conseguir un yogur tipo griego, podemos añadir nata (nata líquida 35% MG) para darme más cremosidad. O bien, si nos gusta más dulce podemos añadir miel, azúcar o mermelada. Eso sí, aconsejo añadir estos ingredientes tras finalizar la fermentación porque sino corremos el riesgo de que creen interferencias en el proceso y no nos salga bien.
  • Podemos fermentar todo nuestro yogur en un recipiente grande o bien verterlo en pequeñas flaneras o vasitos herméticos y fermentarlo de forma individual.

Photo Credit: Alba Juanola via Compfight cc

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