Ácidos grasos y salud, ¿un papel beneficioso demostrado? – Parte 1

Los ácidos grasos, además de su conocido valor energético y su función estructural, presentan otro tipo de propiedades beneficiosas.

Photo Credit: Norkrill via Compfight cc
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Hasta hoy se han publicado numerosos estudios que han evaluado estos beneficios y virtudes que se les atribuye. Lo interesante es que existe cierta controversia entre los distintos resultados de los análisis y metanaálisis realizados, y no queda del todo claro si realmente se han demostrado clínicamente ciertos beneficios que generan este grupo de sustancias.

Este es el primero de una serie de posts enfocados a conocer un poquito más sobre los ácidos grasos, saber a qué nos referimos cuando los llamamos “esenciales”, conocer las fuentes dietéticas y las recomendaciones y finalmente analizar los estudios realizados hasta ahora.

En primer lugar, tengamos claro qué son los ácidos grasos y cómo se clasifican:

 

Entre los lípidos se incluyen las grasas, los aceites, las ceras y otros compuestos lipídicos que se encuentran en los alimentos y en nuestro organismo.
En su mayor parte, podemos encontrar las grasas en forma de triglicéridos o TG, formados por la combinación de tres ácidos grasos y una molécula de glicerol. Estos triglicéridos pueden separarse dejando así a los ácidos grasos libres.
Los ácidos grasos a su vez, pueden clasificarse en función de:
  • Su grado de insaturación o cantidad de dobles enlaces, pudiendo encontrar:
    • Ácidos grasos saturados o AGS (en inglés SFA): no tiene ningún doble enlace o insaturación.
    • Ácidos grasos insaturados: tienen uno o más dobles enlaces. En función del número se clasifican en:
      • Ácidos grasos monoinsaturados o AGMI (en inglés MUFA): solo un doble enlace o insaturación.
      • Ácidos grasos poliinsaturados o AGPI (en inglés PUFA): más de un doble enlace o insaturación.
  • Su longitud de cadena, pudiendo haber:
    • Ácidos grasos de cadena corta o AGCC (4-6 carbonos)
    • Ácidos grasos de cadena media o AGCM (8-12 carbonos)
    • Ácidos grasos de cadena larga o AGCL (14-18 carbonos)
    • Ácidos grasos de cadena muy larga o AGCML (a partir de 20 carbonos)
Además, de acuerdo a la posición del primer doble enlace de la cadena cada ácido graso pertenecerá a una familia determinada. Así pues, los llamados ácidos grasos omega-3 son aquellos que tienen el primer enlace doble en el tercer carbono, los omega-6 en el sexto, los omega-9 en el noveno, etc.
La longitud de la cadena y el número y localización de los dobles enlaces confieren a los ácidos grasos propiedades fisiológicas diferentes.

¿Qué son los ácidos grasos esenciales?

Los seres humanos no disponemos de las enzimas necesarias capaces de introducir dobles enlaces en posiciones iniciales ya que solo podemos realizarlo a partir del noveno carbono. Así pues, todos aquellos ácidos grasos de la serie omega-3 y omega-6 resultan ácidos grasos esenciales o AGE (imposibilidad de sintetizarlos por el cuerpo) y necesitamos que su aporte se realice vía dieta.
Estos ácidos grasos esenciales tienen vital importancia ya que tienen funciones primordiales dentro de nuestro organismo. Además de su conocido valor energético, forman parte de los fosfolípidos de las membranas de las células del organismo, ejerciendo una clara influencia sobre la composición de la membrana celular y determinando, en mayor o menor grado, la estructura y funcionalidad de la célula.
Además, los ácidos grasos esenciales (AGE) son precursores de diversas series de moléculas llamadas eicosanoides  leucotrienos, que poseen gran importancia fisiológica tal y como veremos más adelante.

Ácidos grasos serie omega-3 y omega-6:

Dentro de la familia de los omega-3, destaca el ácido alfa-linolénico (ALA), el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA).
La familia de los omega-6 está representada por el ácido linoleico (LA), el ácido gammalinolénico (GLA) y el ácido araquidónico (ARA).
En lo que respecta a la serie omega-9, el mayor representante es el ácido oleico (AO), pero como hemos comentado antes, no es un ácido graso esencial y puede ser sintetizado por el propio organismo.
Particularmente, los beneficios de los omega-3 se centran en el desarrollo cerebral y de la retina, por lo que su aportación es especialmente crítica durante el embarazo y la infancia.
El ácido alfa-linolénico, en cambio, centra su esencialidad principalmente por ser el precursor de DHA en nuestro organismo.
En caso del EPA, la evidencia epidemiológica ha demostrado que produce efectos hipotrigliceridémicos, hipocolesterolémicos, vasodilatadores y antitrombóticos, por lo que su consumo se ha relacionado con la prevención de enfermedades cardiovasculares. El EPA inhibe la secreción de VLDL con lo cual genera una disminución del colesterol LDL y del HDL (este último considerado como efecto no beneficioso).
Vías metabólicas de los ácidos grasos de la serie omega-3 y omega-6:
 
Esquema realizado por la autora del post
 
Tal como muestra el esquema, más del 95% del AL que ingerimos vía dieta es oxidado con el fin de obtener energía y menos del 5% es destinado a la síntesis de ácido araquidónico.
Lo mismo sucede con el ALN ingerido, donde un 85% se destina a la obtención de energía y solo un 15% sirve para la síntesis de DHA.
Tanto el AA como el DHA son transportados a los puntos clave: el cerebro, la retina, los testículos y la placenta (en caso de embarazo).
El producto intermedio de la transformación de ALN en DHA es el EPA. Las funciones del EPA solo son relevantes cuando este ácido es consumido en la dieta, ya que cuando se sintetiza por el propio cuerpo su principal función es la de ser precursor de DHA.
Como hemos comentado antes, los derivados de estas sustancias reciben el nombre de eicosanoides y leucotrienos.
Dentro de los eicosanoides podemos encontrar tres tipos de moléculas:
  • Prostaciclinas: son sintetizadas por las células de los vasos sanguíneos y tienen funciones de antiagregante plaquetario, inhibiendo así la formación de coágulos.
  • Tromboxanos: son sintetizados por las plaquetas o trombocitos y son potentes agregantes plaquetarios. Actúan de manera contraria a las prostaciclinas.
  • Prostaglandinas: están implicadas en los procesos antiinflamatorios, y pueden ejercer doble función (como inflamatoria y como antiinflamatoria).
Los leucotrienos son formados por los leucocitos o glóbulos blancos y participan también en procesos inflamatorios e infecciosos.
Así pues, a partir de la dieta podemos modificar la proporción de todos estos precursores para que así se vayan sintetizando unos u otros eicosanoides o leucotrienos manteniendo siempre un equilibrio homeostático.

Mayoritariamente, los beneficios atribuidos a los ácidos grasos omega-3 son los siguientes:

Durante la gestación:

Los ácidos grasos omega-3 forman parte de las membranas estructurales del cerebro y la retina y tienen vital importancia en el desarrollo cerebral del feto durante el embarazo. Los ácidos grasos esenciales que la madre podrá transferirle al feto dependerán del estado de sus reservas, de su capacidad de biosíntesis y fundamentalmente del perfil de grasas de la alimentación de ésta, por lo que es clave que la dieta de la mamá durante el embarazo tenga suficiente aporte de estos nutrientes.
Sobretodo el aporte de AGE es esencial durante el tercer trimestre de embarazo (sobretodo de AA y DHA), donde el desarrollo del sistema nervioso es mayor ya que se produce un explosivo aumento del tamaño del cerebro en el que se establecen millones de sinapsis.
También son muy importantes el ácido linoleico y ácido linolénico, cuyo aporte debe ser asegurado durante la lactancia e incluso antes del embarazo.

Durante el crecimiento infantil:

El desarrollo cerebral continúa tras el embarazo y alcanza las primeras semanas de vida del recién nacido. De hecho, la formación de sinapsis continúa muy activa hasta la pubertad pero sin embargo empieza a decaer en la edad adulta y es casi inexistente en la vejez.
Por lo tanto, es crucial también que en los primeros meses de crecimiento el bebé tenga suficiente aporte de ácidos grasos esenciales y sobretodo EPA, DHA o ALA.
La leche materna contendrá un perfil de grasas adecuado y se ajustará a las necesidades del bebé en cada etapa, siempre y cuando la mamá mantenga una buena alimentación.
En el caso de las leches artificiales, actualmente las formulaciones están muy ajustadas y muchas de ellas ya van enriquecidas en ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6.

Papel en la enfermedad de neuropatía diabética:

Son varias las patologías que pueden derivarse del no adecuado control de la diabetes de tipo 2. Entre ellas, en la neuropatía diabética resultan afectadas las funciones de determinadas enzimas que se activan por la insulina. Estas enzimas intervienen en la formación de AA y DHA, por lo cual la cantidad de estos ácidos grasos esenciales se reduce por este fallo enzimático.
Debido al papel determinante de los AGE en las membranas nerviosas y oculares, esta carencia puede ser una de las causas del desarrollo de la neuropatía característica de la diabetes.

Papel en la enfermedad de Alzheimer y Parkinson:

Se ha demostrado que el aporte de DHA a pacientes con Alzheimer y Parkinson disminuye considerablemente los efectos neurológicos de dichas enfermedades.

Papel protector sobre el sistema cardiovascular:

Tal y como hemos visto, algunos de los derivados metabólicos de los ácidos grasos omega-3 tienen efectos antitrombóticos y reducen el nivel de triglicéridos y colesterol sanguíneos, jugando así un papel beneficioso en la prevención de la aterosclerosis.
También tienen efecto hipotensor, por lo que contribuyen a disminuir la presión sanguínea.
Efectos sobre el sistema inmunológico como coadyuvantes en el tratamiento del SIDA:
Se ha visto en varios estudios que el aporte de ácidos grasos omega-3 puede reducir algunos síntomas relacionados con la enfermedad del VIH, constituyendo un beneficio contra la lucha de las manifestaciones frecuentes en esta enfermedad.

Efectos sobre el sistema nervioso:

Como ya hemos comentado antes, los ácidos grasos serie omega-3 ejercen un papel fundamental sobre el adecuado desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso. Según algunos estudios, factores como la transmisión de mensajes entre nuestras neuronas, la ansiedad, la habilidad en el aprendizaje, la memoria y la función retinal se ven favorecidos con el consumo de estos compuestos.
Los omega-3 también han sido relacionados con problemas de depresión y violencia. Se ha demostrado que una ingesta de DHA deficiente, puede afectar negativamente al nivel de hostilidad y violencia de personas bajo condiciones de estrés.
Además, también se ha relacionado en alguno de los estudios realizados la conexión entre la conducta de los niños con déficit de atención y su proceso del sueño con los niveles de DHA.
Bibliografía:
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